Suecia estuvo habitada por los vikingos 6000 años A.C., quiene fundaron el principado de Novgorod entre los años 800 y 1060 de la era cristiana. A mediados del siglo XII los suecos del norte se unieron a los Goths del sur y aceptaron el cristianismo. Una serie de cruzadas convirtieron a Finlandia en dominio sueco, y con Noruega y Dinamarca estuvieron unidos bajo la dinastía Danish, entre 1397 y 1520.
En el siglo XVII Suecia exhibió gran poderío en la región Báltica. El más prominente de los monarcas de entonces, Gustavo II, se unió a los protestantes alemanes en las guerras contra los austríacos abrazados al catolicismo. Carlos XII lideraría tiempos opacos, al comandar una bochornosa invasión a Rusia en 1709.
Casi un siglo más tarde Suecia participaría de las guerras napoleónicas, al lado de las tropas británicas. Bajo las órdenes del principio Gustavo IV el país cedió Finlandia a Rusia y este sería depuesto, para que el mariscal francés Bernadotte fuera electo príncipe de la corona con el nombre de Carlos Juan, quien llegaría a ser rey estableciendo así una nueva dinastía. Su carácter e ideas conservadoras lo mantuvieron en el poder por casi 30 años, tras lo que sería sucedido por su heredero directo.
Allí comienzan a introducirse reformas liberales en el país, incluyendo el libre comercio, el mejoramiento de la educación y la organización de los representantes del Parlamento (Riksdag). En 1905 la unión de las coronas de Suecia y de Noruega se disuelve, durante el reinado de Oscar II. En épocas de la Primera Guerra Mundial Suecia se mantiene neutral, aunque el comercio disminuyó para dar paso a una época difícil. El período entre ambas guerras está marcado por el ascenso del Partido Social Demócrata, que adoptó una política estratégica para superar la crisis de los años 30. También se declaró neutral durante la Segunda Guerra y luchó con firmeza para mantener esa postura de independencia.
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